En medio de un panorama deslumbrante, junto al cálido azul del mar Caribe, se encuentra el remodelado Renaissance Santo Domingo Jaragua Hotel & Casino. Situado en la Avenida George Washington fue, sin dudas, un ícono nacional a la medida de Rafael Leónidas Trujillo. Su construcción abarca unos 45 mil metros cuadrados.

Nombrado como un cacicazgo, como es popularmente conocido, “El Jaragua”, comenzó a erigirse en 1940 con un costo de 400,000 mil dólares por orden del Estado dominicano. Se inauguró el 17 de agosto de 1942. Fue obra diseñada y dirigida por el arquitecto, catedrático Guillermo Gonzáles Sánchez junto a su hermano Alfredo Gonzáles.

Aquella edificación con una estructura y arquitectura inigualable aun con sus modificaciones, rememora las festividades y el símbolo en que se convirtió durante la dictadura de Trujillo.

Festividades
Desde sus inicios, fue el preferido del dictador. La orquesta Generalísimo Trujillo, que tiempo después de su muerte pasó a llamarse Santa Cecilia, (dirigida por Luis Alberti), era la más prestigiosa de esa época y la encargada de amenizar las fiestas.

Con su arquitectura y opulencia, se categorizó como uno de los hoteles más visitados ya que brindaba un hospedaje de vanguardia.

Cada noche, el escenario se adueñaba con la inconfundible sonoridad de la orquesta mencionada junto al vaivén de la brisa, en el Patio Español. Esa prestancia se convirtió en una tradición: Era la vocalización del tema “Luna sobre el Jaragua” en voz de Rafael Colón, conocido como “Espiga de Ébano.

Entre boleros,merengues y más boleros, resplandecía la luna sobre el Jaragua y alumbraba a todos los que se alojaban allí, frente al mar.

Fue el escenario en el cual acontecían los peculiares eventos de la clase más refinada de la época, entre ellos del ámbito político, la fiesta de Nochevieja, desfiles de modas o fiestas privadas.

Además, del repertorio musical con una selección, el hotel ofrecía entretenimiento, piscina, salón de belleza, y diversas actividades.

El Jaragua inspira
Además de ser el primero de todos, su presencia fue la llama que encendió la construcción de otros de su tipo o de segunda categoría por parte del estado dominicano en las diferentes provincias del país con el propósito de proyectar el potencial turístico.

Por citar algunos, el hotel Maguana construido en el 1946, en San Juan de la Maguana, a manos del arquitecto Gazón Bona, el Matum Hotel & Casino, ubicado en Santiago de los Caballeros, cuyo establecimiento fue escenario de la batalla del hotel Matum de 1965. También, el hotel Guarocuya, ubicado en Barahona y el hotel Montaña, en Jarabacoa, entre otros.

El arquitecto Alex Martínez Suárez, autor del libro “El Jaragua no cae” junto a Rab Messina, expone que es en el hotel Jaragua donde se inicia la industria turística dominicana.

Suarez manifestó que en ese tiempo no existían antecedentes de un hotel como ese: “Los que había eran como pensiones y pequeños espacios en la Ciudad Colonial, pero en edificaciones viejas, estrechas y oscuras. Es por eso que este edificio tiene una importancia para la arquitectura dominicana como proyecto insigne del arquitecto Guillermo Gonzáles”.

A la vez, indicó que este ha sido uno de los proyectos más valorados por su diseño y también porque fue el primer gran hotel de este país.

Por su estilo, fue una edificación modernista que sirvió de referente para el avance de la arquitectura. Su originalidad fue cautivante hasta para la mirada crítica de arquitectos nacionales e internacionales como es el caso Richard Neutra.

Los detalles de su estructura, belleza de sus palmeras, amplios espacios y el entorno del mar que lo rodea marcaron su notoriedad. Por tanto, al competir con otros países en la industria del turismo, surgió la necesidad e interés de cimentar nuevos complejos que cumplieran con toda la expectativa.

El Jaragua, si cae, la luna llora
En una publicación de este diario del 23 de diciembre de 1982, se argumentó que el secretario de Turismo en ese tiempo, Rafael Suberví dio a conocer que el hotel sería clausurado alegando falta de higiene en sus operaciones.

Para 1983, el gobierno presidido por Salvador Jorge Blanco, anunció el concurso de un contrato de arrendamiento en el cual la firma ganadora tendría a su cargo la remodelación y equipamiento del hotel. Pero, fue en 1984 que por diversos intereses se logró anunciar al ganador: Compañía Transamerican Hotel y Casino S.A.

En el lapso del cierre se comentaba sobre la destrucción del hotel por parte de la nueva administración, lo que originó un conflicto, pues arquitectos, periodistas y otros sectores de la sociedad se oponían y solicitaron que fuera declarado como patrimonio cultural arquitectónico, con el propósito de preservar la obra.

La polémica de demolición produjo que el cantautor Juan Luis Guerra compusiera un merengue en el que se refleja la situación del país. Algunos de sus primeros versos son:

Le dieron dinamita
Un martes en la tarde
Se pasaron el día
Pegando los cables

Le dién dinamita
Con pico de calle
Por más que le dieron
Jaragua no cae
Le dién dinamita
Todo el pueblo lo sabe

La luna reía
Los buenos no caen

Lo ya mencionado no fue obstáculo para las autoridades. Dejó de ser el más imponente de la época de los 40 y pasó a ser sencillamente un establecimiento en discusión. Por sus pasillos circulaba el caos, la ruina. En fin, con bola de demolición y mandarrias fue destruido en 1985.

El Jaragua actual
A partir de 1997 la cadena hotelera Marriott International adquiere su establecimiento. Actualmente, y con las diversas modificaciones por las que ha atravesado, cuenta con 300 habitaciones y 2 suites presidenciales.

En la torre del edificio se encuentra el restaurante Luna donde se ofrece el desayuno buffet completo a los huéspedes, pudiendo degustar de una gastronomía local con influencias internacionales. Además, es un bar.

De las originarias 300 habitaciones, 210 se encuentran en este edificio que fue el derrumbado en la época de los 80.

Una remodelación más
Otra novedad surgida con su remodelación es el área llamada El Jardín. Es un edificio colateral que cuenta con 90 habitacionesm cuyo costo superó US$40 millones.

De acuerdo a la cluster marketing leader, Manel Peguero, en esa remodelación se abarcó el hotel completo, “habitaciones, áreas públicas, salones de eventos, piscina, spa, gimnasio, tiendas, restaurante, bar y el lobby. Dentro de esas se encuentra el Buy Coffee Shops el cual ofrece café con diferentes opciones para los huéspedes sin importar la hora”..

Agregó que: “Contamos con un huerto que es administrado por el chef ejecutivo, al mismo tiempo se obtienen productos que se pueden implementar tanto en la coctelería como en la cocina del hotel, son productos totalmente orgánicos”.

Según Peguero, de las pocas cosas que quedaron íntegras está la piscina y actualmente tienen cuatro canchas de tenis.

Es una de las salas más icónicas en el país donde se celebran las tradicionales fiestas de Fin de Año. Ha servido de escenario para altas celebridades, premios Soberanos, fiestas privadas, bodas y eventos políticos. Tiene una capacidad máxima para 1,200 personas y montaje tipo show..

Su arquitecto, Guillermo González Sánchez, nació el 3 de noviembre de 1900 y falleció el 13 de noviembre de 1970. Es considerado el padre de la arquitectura moderna en la historia de la República Dominicana.

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