El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, encabezaba el lunes el escrutinio con 74,99% de los votos en las cuestionadas elecciones presidenciales celebradas sin oposición real, con un alto índice de abstención y en medio del rechazo internacional a su inminente reelección, la tercera desde 2007.

Ortega se encaminaba así hacia un cuarto mandato consecutivo tras una votación desconocida desde antes de los primeros resultados por Costa Rica y Estados Unidos.

El lunes, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, emitió una declaración en la que “condenó” la “subversión de las normas democráticas” en Nicaragua.

El gobierno de Ortega ‘ha privado a los nicaragüenses de cualquier opción real al disolver todos los partidos genuinos de oposición y encarcelar a todos los principales candidatos presidenciales. Esta represión y manipulación electoral, ampliamente denunciada por los nicaragüenses y la comunidad internacional, despojó a la votación del 7 de noviembre de cualquier significado real”, señaló Blinken.

Por su lado, Amnistía Internacional advirtió que la inminente reelección de Ortega “augura un nuevo y terrible ciclo para los derechos humanos” pues “vaticina la perpetuación de las estructuras que han implementado la estrategia represiva contra voces críticas y garantizado la impunidad de crímenes del derecho internacional”.

Según la directora de AI para las Américas, Erika Guevara Rosas, “este nuevo período presagia la continuidad de la migración forzada de quienes se ven criminalizados por alzar la voz”.

La presidenta del Consejo Supremo Electoral (CSE), Brenda Rocha, dio a conocer el resultado parcial de la votación con el 49,25% de las juntas escrutadas, que otorgaría al gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) una amplia ventaja sobre sus seis contrincantes.

En segundo lugar se ubicaba el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), con 14,40% de los votos válidos, y en tercer lugar el Partido Camino Cristiano (PCC, evangélico), con 3,44%. Otras tres fuerzas minoritarias y consideradas afines al oficialismo obtenían menos del 3,27% de los sufragios escrutados hasta el momento.

Tres horas antes de conocerse los resultados miles de simpatizantes sandinistas salieron a celebrar con banderas rojinegras y se reunieron en la denominada Plaza de las Victorias y sobre la Avenida Bolívar de Managua.

La oposición había llamado a la población a quedarse en casa y no votar en protesta contra el proceso electoral y la víspera denunció la captura de dirigentes.

Rocha aseguró que la participación fue del 65,34%, en contra de estimaciones independientes tras una jornada en la que las calles y los centros de votación lucían prácticamente vacíos.

Un reporte del observatorio ciudadano Urnas Abiertas estimó una abstención del 81,5% y una participación promedio de apenas 18,5% a nivel nacional. Olga Valle, de ese grupo independiente, dijo que el proceso electoral estuvo “viciado de origen” debido, entre otros factores, a actos de coacción de activistas y funcionarios del gobierno contra los electores. Entre ellos mencionó la presencia de paramilitares cerca de los centros de votación y el control y amenazas a trabajadores del Estado y estudiantes universitarios para presionarlos a votar por el Frente Sandinista.

Urnas Abiertas tomó los datos en base a muestras estadísticas y cartografía electoral a partir de las visitas de 1.450 observadores a 563 centros de votación, quienes trabajaron de forma anónima debido al veto del gobierno a la observación independiente, explicó Ligia Gómez, integrante de esa red.

La policía detuvo en junio a siete aspirantes a la presidencia por cargos que equivalían a la traición. El día de las elecciones seguían detenidos. Los otros candidatos del domingo eran políticos poco conocidos de partidos menores considerados afines al FSLN.

El Frente Sandinista y sus aliados controlan el Congreso. Ortega sirvió un primer mandato entre 1985 y 1990, antes de regresar al poder en 2007. Hace poco declaró “copresidenta” a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. Ese cargo no existe en la constitución.

‘Lo que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, orquestaron hoy fue la pantomima de una elección que no fue libre ni justa y ciertamente no fue democrática”, dijo el domingo el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a través de un comunicado difundido por la Casa Blanca.

Por su parte, el gobierno de Costa Rica desconoció las elecciones por carecer “de condiciones y garantías democráticas”, dijo el presidente Carlos Alvarado en Twitter. “Hacemos un llamado al gobierno para que libere y restituya los derechos de los presos políticos”. En Costa Rica buscaron refugio la mayoría de los más de 100.000 nicaragüenses -entre ellos algunos opositores- que huyeron del país tras la represión de las protestas de 2018, según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

En tanto, en una declaración emitida el lunes y firmada por el alto representante Josep Borrell, la Unión Europea advirtió que las elecciones en Nicaragua “se han celebrado sin garantías democráticas y sus resultados carecen de legitimidad”.

“Daniel Ortega ha eliminado toda competencia electoral creíble, privando al pueblo nicaragüense de su derecho a elegir libremente a sus representantes. La integridad del proceso electoral quedó anulada por el encarcelamiento, el acoso y la intimidación sistemáticos de precandidatos presidenciales, dirigentes de la oposición, líderes estudiantiles y rurales, periodistas, defensores de los derechos humanos y representantes de empresas”, agregó.

“Las voces disidentes son silenciadas, decenas de organizaciones de la sociedad civil han sido ilegalizadas y la represión estatal no cesa”, indicó mientras demandó al gobierno la liberación inmediata de todos los presos políticos.

Al referirse a las sanciones adoptadas por la UE contra funcionarios y allegados a Ortega, Borrell dijo que las medidas no han perjudicado al pueblo nicaragüense y que con el mismo espíritu “estudiaremos todos los instrumentos a nuestro alcance para adoptar medidas adicionales’.

“Ha sido una burla… al pueblo de Nicaragua, una burla a la comunidad internacional y sobre todo una burla a la democracia”, declaró a periodistas el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.

Estas elecciones “han carecido de las mínimas garantías democráticas exigibles”, agregó la cancillería española en un comunicado.

Por su parte, el gobierno de Alemania afirmó que los comicios no cumplieron “las condiciones mínimas de una elección libre y justa”.

Entretanto, el gobierno de Chile anunció que “rechaza y no reconoce la legitimidad de las elecciones realizadas en Nicaragua, las que apuntan a eternizar a Daniel Ortega y Rosario Murillo en el poder consolidando un régimen dictatorial”.

En México el presidente Andrés Manuel López Obrador no hizo mención alguna a las elecciones nicaragüenses durante su conferencia matutina y la Secretaría de Relaciones Exteriores dijo en un breve mensaje a AP que “no habrá pronunciamiento de nuestra parte hasta que la instancia electoral anuncie oficialmente los resultados finales”.

El tribunal electoral de Nicaragua tiene previsto divulgar los resultados definitivos el próximo 15 de noviembre.

 

 

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