Miles de millones de personas en el mundo celebran este sábado la Navidad, deslucida por segundo año consecutivo por la pandemia del covid-19, especialmente por la explosión de las infecciones debido a la contagiosa variante ómicron.

Cita ineludible cada 25 de diciembre, el papa Francisco ofrecerá a partir de mediodía su bendición Urbi et Orbi desde la plaza San Pedro del Vaticano.

El pontífice argentino de 85 años presidió el viernes por la noche la tradicional misa de Navidad en la basílica San Pedro de Roma antes 2.000 fieles con mascarilla. Francisco invitó a los cristianos a «redescubrir las pequeñas cosas de la vida».

Embajadores y representantes de otras confesiones cristianas asistieron a esta ceremonia celebrada en varias lenguas en presencia de más de 200 sacerdotes, obispos y cardenales.

Algunas decenas de personas que no pudieron conseguir una entrada siguieron la misa en pantallas gigantes instaladas en la plaza San Pedro.

En la ciudad de Belén, en los territorios ocupados palestinos, apenas unos pocos cientos de personas se reunieron a pesar del frío en la plaza del Pesebre, el lugar donde, según la tradición cristiana, nació Jesús de Nazaret, para seguir un desfile de scouts palestinos.

Y en Filipinas, además del covid, los fieles tenían que lidiar con los efectos del destructivo tifón que azotó la semana pasada este archipiélago del sureste asiático, dejando casi 400 muertos y decenas de miles de personas sin hogar.

En una iglesia con un gran agujero en el techo y el suelo y los bancos encharcados, el padre Ricardo Virtudazo presidía una misa de Navidad para decenas de personas que solo querían un techo, comida y un tiempo benigno para Navidad.

«Lo importante es que todos nosotros estamos seguros», dice Joy Parera, de 31 años, en una misa de Navidad con su marido en la iglesia de la parroquia de San Isidro Labrador en el municipio de Alegria, en el norte de la isla Mindanao.

– Viajes perturbados –

China informó este sábado de 140 nuevos casos de coronavirus, la cifra más alta desde hace cuatro meses, la mayoría en la ciudad de Xi’an en la provincia de Shaanxi (noroeste), donde están confinados 13 millones de habitantes desde el jueves.

Además, la pandemia provocó perturbaciones en los viajes y según la página web de seguimiento aéreo Flightaware.com, las compañías cancelaron más de 4.500 vuelos en todo el mundo, cientos de ellos en Estados Unidos, debido a la expansión de la variante ómicron del covid-19.

Aun así, millones de estadounidenses viajaron por el país, a pesar de que el número de contagios diarios por ómicron ya supera el de delta y que los hospitales empiezan a saturarse.

Aunque en general ha sido más distendida que en 2020, la Navidad no se ha visto ajena a este pico de infecciones, con una multiplicación de restricciones en numerosos lugares.

Los Países Bajos están confinados, España y Grecia introdujeron mascarillas obligatorias en exteriores y Ecuador aplicó desde la víspera de Navidad la obligación de vacunarse para toda la población mayor de 5 años.

Aun así, en algunos lugares han podido saborear de nuevo el espíritu navideño largamente olvidado. La mayoría de australianos pudieron viajar nuevamente por el país y reencontrarse con sus familiares después de un largo tiempo.

El arzobispo católico de Sídney Anthony Fisher evocó «escenas conmovedoras de gente reencontrándose en aeropuertos tras meses de separación».

– Papá Noel en Río –

La pandemia ha provocado la muerte de al menos 5.385.564 personas en todo el mundo desde finales de 2019, según un conteo de la AFP a partir de fuentes oficiales el viernes, aunque la OMS calcula que el balance real puede ser dos o tres veces superior.

La aparición de ómicron ha acelerado los contagios en casi todas las regiones del mundo en la última semana, excepto en Oriente Medio y Asia, según los datos de AFP.

Pero los cierres de fronteras no han sido obstáculo para que un famoso trineo impulsado por renos haya dado la vuelta al planeta.

Aunque en algunos sitios, como en Río de Janeiro, Papá Noel aparcó el trineo y llegó en helicóptero para repartir paquetes de comida a los habitantes de la favela de Penha.

«Los niños me miran, sonríen, juegan, hablan. Se sienten representados viendo un Papá Noel negro», dijo Leonardo Pereira da Silva, habitante de la favela de 30 años y miembro de la ONG Central Unicas das Favelas.

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