Por:Inés Aizpún

El tráfico es motivo de conversación diaria y los tapones, que presagian una semana navideña más terrible aún y el accidente de la autopista Duarte, que dejó cuatro muertos, son más señales de alarma. (Como si hicieran falta…)

Se habla recurrentemente del proyecto del plan de los pares viales, todavía en estudio (muy) preliminar. Se celebran con júbilo los millones comprometidos en autoferias que implican más vehículos en las vías sin que se tenga constancia de que salen los viejos autos. Se hacen esfuerzos en acelerar los medios colectivos como más líneas de metro y de teleférico, pero sabemos que esos son a largo plazo…

Mientras tanto… las patanas siguen circulando por donde no deben y a velocidades prohibidas tratando de expulsar al que va delante a bocinazos; las ciclovías siguen estorbando en calles abarrotadas y el programa “Parquéate bien” no termina de cuajar.

Pero el gran misterio es el de los motoristas en las aceras. No hace tanto tiempo que comenzaron a usarlas, llevando pasajeros incluso, y se han hecho dueños de ese pequeño espacio que una ciudad tan agresiva como Santo Domingo, tenía reservado para el sufrido peatón.

Nadie. Ni el Ayuntamiento, ni el Intrant, ni Digesett… ha aparecido con una acción concreta, una idea o un plan para sacarlos. Se rompen aceras, se vuelven a arreglar… lo que les permite ir más cómodamente y a mayor velocidad. Se habla de ciudad inteligente, de macroplanes de transporte, de planes maestros para la metrópolis que ya es la capital dominicana, de alturas que se cumplen e incumplen… pero nadie dice ni una palabra de este caos en que han convertido los motoristas la circulación diaria.

Todas las instituciones aparecen cuando se trata de invertir en una gran obra. ¿Pero lidiar con los motoristas?

No les parece nada interesante…

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