Por: Inés Aizpún

¡No son pocas! La acusación levantada por la Pepca asegura tener las pruebas suficientes para demostrar que desde la Procuraduría General de la República, bajo el mandato de Jean Alain Rodríguez, se instaló en una céntrica plaza comercial del Distrito Nacional una granja de bots para crear tendencias en las redes a favor de Jean Alain y mover encuestas…

No sorprende. Es obvio que otros funcionarios tienen también equipos que comentan las noticias de los medios y promueven a su empleador. En un tiempo se les llamaba “interactivos” y se movían por las emisoras de radio.

Influir (o al menos intentarlo) a través de las redes sociales desde cuentas falsas se ha hecho aquí, en Estados Unidos, en Europa, desde Rusia… Porque todo lo que la tecnología o la ciencia permitan hacer, alguien lo hará.

La cuestión no es qué pueden hacer los bots por los políticos, sino qué van a hacer los políticos con las redes si siguen impulsando cuentas falsas. Ni Elon Musk, el visionario y excéntrico millonario que quiere comprar Twitter, desembolsará si no se sacan antes todas las cuentas falsas. (Y todavía están contándolas.)

Así, se va creando una opinión pública que amarga y controla la vida a los políticos e influye en sus decisiones… aunque estos saben perfectamente que ese ecosistema está manipulado porque ellos mismos lo manipulan. Es una de las paradojas de la vida política de esta época.

Las redes son un fantástico canal de comunicación: abierto, plural, inclusivo, divertido y ágil. Pero, tan joven, es un canal que no ha tenido tiempo de limpiar sus problemas. El del insulto desde el anonimato. El de la polarización. El de la manipulación a través de cuentas falsas. El del acoso.

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